domingo, 8 de febrero de 2009

Por qué nos fascinan los cielos

Cuando coges la cámara y empiezas a disparar a diestra* y siniestra*, es decir, que no tienes ni puta idea y le echas fotos a todo lo que ves, hay varios objetos recurrentes: los pies, las manos, las carreteras, las playas y los cielos. Todo fotógrafo amateur tiene fotos de sus pies, de las manos de su "novia/o" y del verano anterior. Sin embargo hay algo que nos supera a todos, que nos deslumbra tanto que, independientemente del tiempo que tengas tu aparato (léase cámara, por favor), siempre va a quedar bien y siempre va a ser un espectáculo de luz y color imposible de obviar.
El cielo, que cada tarde es distinto: en formas, colores, ilusiones. El cielo no defrauda, nieve, truene o haga un sol de muerte. Está ahí, inmenso, ocupándolo todo. Como una gran pena o una gran esperanza.
Yo caminaba hoy, por una ciudad extraña que cada vez lo es menos, y que cada vez es un poquito más mía, porque la mente se rebela y te dice: es el mundo, y aquí es donde vives; todo es igual aunque sea distinto. Y recuerdo que, en estos últimos meses, me ha venido a la cabeza repetidas veces una canción de los Celtas Cortos que dice que en la vida hay dos caminos a elegir: "uno muy gris, pero seguro, sin arriesgarte a mojarte el culo" y continúa " si elegiste el otro lado, del camino ten cuidado, si tu has elegido muerte, hoy ha cambiado tu suerte; si eres otro bicho raro, pa´ las leyes del mercado, únete a la mayoría de esta inmensa minoría". Total, que me acabo preguntando qué camino he escogido yo, si he renunciado a mucho, si estoy aspirando a poco, o viceversa. Si a veces crees que estás en un lado y en verdad estás en otro. Si no hay dos caminos y de todas formas acabamos en el mismo lugar.
A veces se me olvida luchar, respirar, caminar y mirar hacia delante. A veces se me olvida de dónde vengo y a dónde quiero ir. A veces me olvido de sonreir, de disfrutar. Se me olvida que ESTE momento es único y no puedo pasarme el día durmiendo, porque se acaba y no sé por cuánto tiempo se mantiene una misma situación. Aunque nunca pase nada, y nada sea igual.
Entonces miro al cielo (si lo pongo en tercera persona "miras" suena menos cursi o manido), como decía, miro al cielo y descubro su inmensidad, su autenticidad, su inestabilidad... y veintemil palabras acabadas en "dad" que llenan de grandeza todo lo que me rodea. Y pienso que no tengo que pensar tanto, sino vivir más.
Y me vuelvo a casa con menos frío y con un poquito más de felicidad, de humildad incluso. Porque mañana será otro día, esperemos. Porque hoy he vivido un poco más y no me he quedado paralizada ante la rutina que me espera.

domingo, 25 de enero de 2009

Acabáramos


Una piensa que no va a involucrarse, que tiene todo controlado. Que en su vida, la libertad es lo primero. Que el trabajo se queda en la oficina. Que los amigos son una cosa, los compañeros otra y no digamos, las parejas.
Piensa que a los 30 es una buena edad para empezar a formar una familia. O que nunca cambiará su forma de vestir, aunque la sociedad se lo exija.

De repente, se va dando cuenta de que es una obsesiva del orden (su orden). De que no siempre se puede ser racional, de que en ocasiones tu entorno te envuelve tanto que no puedes ni pensar. Que aquello que creías que nunca pasaría, puede pasar. Que no se puede tener todo bajo control. Que los 30 están más cerca y no tiene pinta de que vaya a cambiar la cosa. Que la incapacidad viene de los temores. Que dejarse llevar es mucho más fácil de lo que parece. Que no dejarse llevar es mucho más difícil de lo que parece. Que se confunde todo, pero nada se funde.
Que no quiere escribir cosas personales y no lo puede evitar.

sábado, 3 de enero de 2009

¿Y qué?


Si la culpa es mía
Si confundo los olores
y cultivo los temores.

Y qué si no hay salida
si no hay vuelta atrás
y la calle expira.

Y qué más puede pasar
cuando no pasa nada
y nada da igual,

Torpes, orondos, viciados
resquebrajan muros
atropellan palabras
despiertan niños
borran esperanzas

Y qué tienes que contar
que no sepa, que no intuya
que no me traiga
esa mirada t***

Y qué si es predecible
si no lo hago bien
si se va a acabar
y no llega el tren

Si juntamos 2 y 3
si perdemos, si ganamos
si no buscamos, si no somos
ni damos.

Y qué.

¿?

martes, 9 de diciembre de 2008


la noche nos devora, en invierno
que cada día, un minuto antes la
oscuridad se cierne sobre
nosotros y
los temores y los ardores
llegan antes.

la noche nos devora, en invierno
y las esperanzas se
enternecen
y los cuerpos se
estremecen ante
tanta soledad tan oscura

por la frialdad de diciembre
y la escasez de enero
y la tristeza de febrero.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Calcetines


Le mordió el perro y no se supo bien quién gruñía más alto. A veces es mejor no escuchar.
Probablemente nadie preguntó por él, por eso no dejó ninguna nota. Lara solía dejar post-it por todas partes y él no dejaba de repetirle que no lo hiciera, que los post-it ya están pasados de moda. Pero aún así llenaba la casa con corazones, tiras, flechas, cuadraditos de colores chillones con palabras inconexas y sin sentido.
El amor es así, se dijo, una suma de figuras de colores, de palabras que van y vienen, que nunca tienen un sentido completo. Es muy triste acabar de esta manera. Sin embargo, más triste es continuar viviendo una mentira.
Todos los domingos salía a correr por el parque, pero hoy no es domingo. Todos los lunes solía ver el programa de la 2, pero ya no tiene tele. La barriga flácida, el culo caído. Maldita juventud... perdida. Comprende que los días tienen 24 horas, lo que no le cuadra es que cada año se atrase el reloj más tarde. ¿Tendrá que ver con el Calentamiento Global? ¿O será una treta para alargar el verano y que la gente salga más y, en consecuencia, gaste más? Este tipo de preguntas sólo le vienen a la cabeza cuando está de resaca. Cuando va borracho no piensa y si lo hace da igual, porque al día siguiente nunca se acuerda.
Es como follar encima de la lavadora. El movimiento mola, pero el sonido le saca de quicio y a veces no se puede concentrar. Lara solía sonreírle cada vez que hacía la colada: me pone cachonda verte doblar calcetines- le decía. Y los dos se reían como locos. Ahora ya no se ríen, pero sí van como locos. De hecho, cree que perdió la cabeza hace mucho tiempo. Cuando el trabajo se acabó y sólo pudo dedicarse a leer el periódico cada mañana. Al principio leía las ofertas de trabajo, se interesaba por encontrar otro empleo. Después sólo leía las esquelas y a veces, los anuncios de contactos. Piensa que ese tipo de anuncios son poesía y que detrás de todos ellos se esconde una sola persona. Una persona sola, muy sola.
La putada es que le dolía. Le dolía el mordisco, le dolía la garganta de tanto gritar al maldito chucho y le dolía el alma, si es que eso existe.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Final Feliz

Para vender o para comprar. Lo mismo da.
Siempre se quiere un final feliz, y si no es cerrado, que ofrezca la posibilidad de imaginar que en parte puede acabar bien. Aunque el final es tan simple como pensar que todos acabamos en el mismo sitio...


sábado, 1 de noviembre de 2008

Elementos


He aquí la cuestión: girar a la derecha o girar a la izquierda. Se sentía confusa, aturdida y tenía frío. Además no hacía más que recordar a Alicia, si bien un gato invisible no le hubiera ayudado mucho en este momento, al menos le haría cierta compañía para no sentirse sola en medio de esa oscuridad. Penumbra, más bien.
Aunque no conseguía recordar cómo había llegado allí exactamente, tenía la certeza de que esa noche sólo había tomado un chocolate caliente... Entonces, ¿cómo podría haber caído en ese sueño tan profundo? Recordaba la sonrisa socarrona de aquel camarero, el chaquetón de Marcos colgado en la silla y el humo que salía de la taza trazando una línea prácticamente invisible entre la mesa y el techo del local. También recordaba la canción sesentera que sonaba en ese preciso instante, aunque no conseguía reconocer al autor. Demasiada información.
Una vez más se plantó frente a la encrucijada. Todo era desconocido y remotamente familiar. Todo era oscuro, pero albergaba cierta luz. ¿Elegir? Se dio media vuelta, cosa que no había hecho desde el momento en que se despertó. Y le vió. De pie. Inmóvil. Con una mirada hiriente, ofensiva. Con las manos colgando pesadamente a cada lado de su cuerpo. Sin llegar a distinguir qué aferraba con tanta firmeza, se acercó y se enfrentó a esa sonrisa una vez más.
Ya empezaba a recordar...