sábado 2 de enero de 2010

Milagros, por favor


Se llamaba Milagros y era una de las mujeres más longevas del pueblo. Andaba costosamente con un bastón de roble, aunque su cabeza estaba demasiado lúcida para su edad. Cuando fue a despedirse de Angustias, ésta le pidió que le contara un cuento, como acostumbraba hacer con todo aquel que se acercaba a visitarla en el lecho de muerte. Así que Milagros, que sabía más historias por vieja que por leída, comenzó a relatarle el origen de su nombre.

"Esta historia empieza antes de que yo naciera. Mi madre, que en paz descanse, tuvo 8 hijos de los cuales ya pocos quedamos vivos. Yo soy la pequeña y después de tener 6 hijas no se le ocurría ningún nombre apropiado para mi. El resto de mis hermanas llevan los nombres de mis abuelas, de las tías de mis padres... pero cuando yo estaba llegando, no les quedaban parientes para (ni ideas) para ponerme nombre. Tampoco quiso buscarlo en la Biblia, pues aunque era creyente y practicante, los relatos del Santo Libro solían ponerle los pelos de punta.

Así pues, llegó el día del parto sin saber aún cómo llamaría al niño en el caso de que fuera otra niña. Y además, llegó con tal mala suerte que hallábase sola en la casa, sin más acompañamiento que un perro viejo y rabioso, que no hacía otra cosa durante el día y parte de la noche, que ladrar y rascarse las pulgas. A la pobre mujer, le vinieron los dolores mientras desplumaba una gallina y sus gritos de dolor, se confundieron con los del animal, por lo que nadie pudo oírla. Como pudo, salió a la calle, que además estaba vacía, porque era miércoles de ceniza y todo el pueblo había acudido a misa. Cuentan que cuando llegó a la puerta de la iglesia, el cura despotricaba sobre los tiempos de desgracia que asolaban el pueblo, puesto que en ese momento había sequía y se perdieron varias cosechas. En el momento en el que mi madre entró a la iglesia, Don Eusebio, el párroco, decía:

- ¡Lo que necesitamos es un milagro! ¡Un milagro, por favor!

Mi madre gritó y calló al suelo todo lo larga y ancha que era. Los vecinos y el mismo Don Eusebio, se acercaron a socorrerla. El parto, que duró poco menos de una hora, se arregló en la puerta de la propia iglesia y justo cuando rompí a llorar, comenzó una lluvia que no cesó en 7 días y que arregló parte de la cosecha que estaba perdiéndose.

Por esa razón me llamaron Milagros, porque traje la lluvia cuando más falta hacía. Y desde entonces, ningún año ha dejado de llover en Miércoles de ceniza."

Angustias, conocía la leyenda de Milagros, pero nunca la creyó del todo. Aún así quedó encantada con su historia, le dió las gracias por visitarla y se durmió plácidamente soñando con la lluvia y las cosechas.

domingo 6 de diciembre de 2009

incertidumbre

La incertidumbre siempre fue uno de los peores males. Cuando tienes una meta clara, cuando conoces el camino a seguir, cuando te hablan y sabes a qué se refieren, no importa que sea malo o bueno, no cabe duda de que tu destino está marcado. Si por el contrario estás perdido y el mañana sólo es un gran interrogante, vivir con un nudo en el estómago se convierte en un hábito desagradable al que cuesta acostumbrarse.
Sobre todo, si durante toda tu vida has tenido bien claro lo que ibas a hacer y de repente, se esfuma la claridad dejando un rastro de confusión que te paraliza y te vuelve algo inútil. Así que empiezas a dudar hasta de ti mismo, de tu valía y de tus necesidades. ¿Por qué seguir luchando por algo que no está claro? ¿Cómo tomar decisiones si no hay una base a la que aferrarse? Quizá el descanso sea oportuno. Un alto en el camino no es algo negativo... sólo es tomar un respiro.
Pero el mundo sigue girando, el tiempo corre en tu contra y sigues atontado, esperando algo que te indique hacia dónde debes seguir. Sin sueños ni deseos, ¿qué se puede hacer?
La cabeza vacía, la cama vacía.
Y sólo echarte de menos.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Cuéntame un cuento, anda.

Se llamaba Angustias, aunque su nombre no era indicativo de su carácter, ya que era una de las mujeres más vivaces y alegres que he conocido nunca. Eso sí, de vez en cuando padecía ciertos dolores de tripa que, en los casos más graves, provocaban una sonoras ventosidades que siempre serán recordadas por todos los vecinos del pueblo, aunque nunca nadie sabrá decir se se debían a la herencia nominal o a su gran afición por la coliflor y la fabada asturiana.
Angustias nunca odió su nombre. De pequeña, todos la llamaban cariñosamente "Angus" y más tarde, cuando conoció a su marido, acabó siendo "Gusi", pero sólo en los momentos de intimidad, cuando Manuel, que así se llamaba el caballero en cuestión, gustaba de mordisquearle los dedos de los pies, mientras repetía de una forma tierna e infantil, dicho apelativo. En las ocasiones importantes, solían llamarla Doña Angustias o Señora de Vidal, y en los ratos más tristes, su nombre simplemente sonaba como un suspiro.
Siendo bien pequeñita, ya gustaba de leer cualquier palabra que le pusieran delante. Su pasión era tal, que sonreía al ver desde el cartel de una calle a las esquelas del periódico, afición que mantuvo hasta el momento de su muerte, quién sabe si por amor a la lectura, por el miedo o por nostalgia. Y es precisamente de ese momento, del que yo les vengo a hablar.
Cuando Angustias ya estaba mayor, sufrió un golpe de calor que la dejó inconsciente, lo que provocó una caída histórica en la fuente de nuestro pueblo. Todos los vecinos se enteraron por lo que, entre preocupados y deseosos de saber, fueron visitando la casa de Angustias para comprobar su estado, y no exajero si digo que por su habitación pasaron tanto el pastor como el farmacéutico.
Pocos días después del incidente, el médico anunció que no había curación para tal impacto. Así pues, sólo quedaba esperar que la moribunda fuera abandonando la vida poco a poco. La noticia nos afectó a todos. Aunque yo sólo era una niña, le tenía mucho cariño a la mujer, pues siempre había sido amable conmigo y al final, en pueblos tan pequeños, casi todos son como parte de la familia. Por esta razón, día tras día, fueron todos los habitantes de Miraverde Alto, que así se llama mi pueblo, a despedirse de Angustias.
Cuando llegaban a su lecho, apenados, todos preguntaban lo mismo:
- Angustias, ¿puedo hacer algo por ti?
Y ella siempre respondía lo mismo:
- Cuéntame un cuento, anda.

Y así es como empieza mi historia.




jueves 16 de julio de 2009

Verano al Sol


Me apetece soledad, paseos, fotos, discos bonitos, playa, noche.
Me apetece gente, risas, compartir, evadirme, olvidarme, relajarme.
Me apetece volver con más ganas, con más ideas, sabiendo que esto es lo que quiero.
Me apetece andar descalza, levantarme tarde, que Neo me despierte.
Me apetece perderme para encontrarme.
Me apetecería aclarme, aclararnos. Abrazos y suerte.

Y me pongo nerviosa de todo.
Verano al sol.

martes 7 de julio de 2009

No lean esto, por dioh!


Hay días tontos. Sí, una se siente tonta, piensa que todo el mundo es tonto, el tiempo está tonto, las cosas que pasan son tontas y las que no pasan son más tontas todavía.
Me gustaría decir que hoy no es un día de esos, pero mentiría y estoy en proceso de crecimiento emocional y personal, por lo tanto, no puedo permitirme lujos como mentirme a mi misma. Quizá el lector (en singular) que está al otro lado pregunte: ¿Y cuándo dejamos de crecer emocional y/o personalmente? ¿Acaso dejamos de hacer eso en algún momento de la vida?. Yo le respondería que, bajo mi punto de vista, no dejamos de hacerlo, pero que me puedo permitir el lujo y la autocomplacencia de excusarme bajo ciertos argumentos insulsos porque, recuerda querido lector: es un día tonto y no hay que ser muy cuerdo cuando el mundo, mi mundo, está un poco al revés.
Hay gente que dice que esto es por ser mujer y sin embargo, me juego el cuello a que a los chicos también les pasa. Entiéndase chicos como hombres... lenguaje de adultos. Qué mal me sienta cumplir años.
El caso es que el ser humano tiene tendencia a compadecerse de sí mismo, en un tono más coloquial diré que tenemos tendencia a llorar por las esquinas, esperando que alguien se de cuenta, nos abrace, nos consuele y con suerte, algo más. Pero no. La verdad es que no hay nadie que te abrace y te consuele, así en términos generales. Ese "algo más" puede ser más accesible, lo malo es que no tiene sentido cuando uno se siente un poco vacío. Cuando abrazas el aire o anhelas un poco de algo o de nada. Simplemente anhelas.
Porque hay tardes solitarias, días solitarios y sobre todo, noches solitarias. Y uno se da cuenta de eso en los días sin sentido. Normalmente, cuando tienes mucho tiempo para pensar.
Bendita ignorancia...
Total, que aquí estoy, escuchando a Calamaro (ey! podría caer más bajo!), bebiendo una cerveza de lata y con la necesidad impetuosa de escribir y no parar de escribir. Cosas que pasan...
Por ejemplo, cuando viajo en tren. Siempre que me voy necesito escribir. El vagón, los raíles, son realmente inspiradores. Aunque igual es por si el tren se estrella y encuentran mis restos junto a una libreta marchita donde hay un montón de palabras aparentemente vacías, probablemente más que típicas, pero que escribí yo antes de morir. Romántica a más no poder.
Y luego jugamos a hacernos los duros. Sí, sí, todos. Pero en el fondo nos morimos porque se mueran por nosotros. Nos morimos por vivir tórridas historias de amor, desengaños. Vivir intensamente, aunque duela.
Una cosa tengo clara: sentada aquí, no.
Ajam.
Es que es mi día tonto... y como suena:
"estoy cansándome de esperar, pero igual no tengo a dónde ir".

Cambio y corto.

martes 16 de junio de 2009

Asfalto mojado

Llovió todo el día y a pesar de eso, sigue haciendo un calor de muerte. Pensé que refrescaría y que podríamos disfrutar un poco más de la primavera, pero el verano amenaza con sus rayos y sus vendavales desérticos. Olas de calor.
A veces me da igual. Me da igual ir o venir, que me echen, que me griten, que me sonrían... aunque últimamente tengo una pequeña esperanza.
Normalmente las pequeñas esperanzas esconden detrás grandes miedos, o quizás se esconden tras ellos, aún no lo sé muy bien. El caso es que, a menudo vuelve el nudo en el estómago y no consigo distinguir el sentimiento que lo causa, pero sea lo que sea está bien, porque indica que estoy viva y eso no siempre está claro.
Hay días grises, como hoy, en los que todos los rostros están apagados y todas las palabras suenan huecas. En los que el deseo y el instinto permanecen en un duermevela que quizá termine al llegar la noche o quizá continúe hasta el día siguiente. Si sale el sol, probablemente despierten, si no...
Y entonces sólo pienso: grítame fuerte, abrázame fuerte. Sólo pienso fuerte. Pero hablo bajito y nadie me suele oír. Todo esto me pasa porque tengo ganas de escribir, tengo ganas de ver-te, de beber-te y de morder-te, aunque no entienda muy bien a mis ganas. Eso funciona solo. Como el respirar.
Y respiro profundo el olor a asfalto mojado, que con este bochorno no sienta igual de bien como cuando el frío hace temblar todo el cuerpo. Sin embargo se agradece la lluvia, los bajos de los pantalones mojados, los paraguas rotos y la música triste que al caminar, se desliza por el asfalto nota tras nota tras baldosa tras nada.

lunes 15 de junio de 2009

10x15


Además del formato más utilizado a la hora de revelar nuestros carretes, 10x15 es un fanzine fotográfico relativamente reciente, si no me equivoco, más o menos lleva en activo desde febrero.
Sus creadores lo consideran un antídoto contra el aburrimiento. A mi, me parece de un gusto exquisito y con un gran interés para los aficionados a la foto, donde descubrir nuevos talentos y diferentes posibilidades de la cámara, ya que participa gente diversa de todo el mundo (desde Madrid a Nueva Zelanda).
Se actualiza mensualmente y cada edición tiene una temática diferente. Este mes, toca piscina... ya estoy deseando ver con qué nos sorprenden el mes que viene "I (L) Bambini". 
Muy recomendable.