miércoles, 7 de julio de 2010

Fotografía de familia


Sinceramente, admiro la constancia y perseveración de aquellos fotógrafos que escogen un tema central para su obra y mantienen durante años una vivencia tan intensa de su trabajo, que llega a ser parte de su vida. En el caso de Doug Dubois, se invierte la situación. Es decir, que Dubois hace de su vida su trabajo, puesto que dedica casi 20 años a retratar situaciones cotidianas en su casa y su familia, obteniendo como resultado una obra cambiante que nos cuenta la historia de 4 personas a las que vemos crecer y envejecer, sufrir y en resumen, vivir. Los encuadres y el color nos ayudan a entender las situaciones. La calidad de la imagen nos transporta en el tiempo. Los ojos de Dubois transmiten y enternecen.
Pero además, si indagamos en el resto de su trabajo, podremos observar la variedad de temáticas y la capacidad de captar detalles en el mundo común, convirtiéndolo en algo irreal gracias a la serialidad y, paradójicamente, por su extrema fidelidad a la realidad.
Inteligencia, perspicacia y corazón en Doug Dubois.

martes, 1 de junio de 2010

Silja Magg

Tengo que reconocer que tengo debilidad por la fotografía de moda y en concreto, por los retratos. Sobre todo me gustan los fotógrafos que recrean atmósferas irreales, cercanas al cuento o la fantasía. Para mi, conseguir reinventarse en cada proyecto o sesión es algo admirable. También es importante la sensibilidad para transmitir, para contarnos historias con solo una imagen.
Desde mi punto de vista, Silja Magg lo consigue... Y si alguien no se lo cree, que lo compruebe aquí.

martes, 4 de mayo de 2010

Matrimonio Moderno



Y así están las cosas. Aunque da igual, porque ya nadie se casa por la iglesia y la verdad, no sé muy bien qué dice el contrato en el juzgado. Lo que está claro es que hay algo más poderoso que el amor y la muerte: Internet. Así que no se molesten en hacer promesas que no podrán cumplir. Abran bien los ojos. Quiéranse y disfrútenlo mientras puedan, o mejor dicho, mientras Facebook lo permita.

martes, 27 de abril de 2010

Imaginario


tierra firme. fracasos.
perras que pasean. engaños.
marañas de ideas descarnadas.
jovencitas desfloradas que fingen.
el triunfo es encontrar la verdad.
como pisar la tierra firme.

sábado, 2 de enero de 2010

Milagros, por favor


Se llamaba Milagros y era una de las mujeres más longevas del pueblo. Andaba costosamente con un bastón de roble, aunque su cabeza estaba demasiado lúcida para su edad. Cuando fue a despedirse de Angustias, ésta le pidió que le contara un cuento, como acostumbraba hacer con todo aquel que se acercaba a visitarla en el lecho de muerte. Así que Milagros, que sabía más historias por vieja que por leída, comenzó a relatarle el origen de su nombre.

"Esta historia empieza antes de que yo naciera. Mi madre, que en paz descanse, tuvo 8 hijos de los cuales ya pocos quedamos vivos. Yo soy la pequeña y después de tener 6 hijas no se le ocurría ningún nombre apropiado para mi. El resto de mis hermanas llevan los nombres de mis abuelas, de las tías de mis padres... pero cuando yo estaba llegando, no les quedaban parientes para (ni ideas) para ponerme nombre. Tampoco quiso buscarlo en la Biblia, pues aunque era creyente y practicante, los relatos del Santo Libro solían ponerle los pelos de punta.

Así pues, llegó el día del parto sin saber aún cómo llamaría al niño en el caso de que fuera otra niña. Y además, llegó con tal mala suerte que hallábase sola en la casa, sin más acompañamiento que un perro viejo y rabioso, que no hacía otra cosa durante el día y parte de la noche, que ladrar y rascarse las pulgas. A la pobre mujer, le vinieron los dolores mientras desplumaba una gallina y sus gritos de dolor, se confundieron con los del animal, por lo que nadie pudo oírla. Como pudo, salió a la calle, que además estaba vacía, porque era miércoles de ceniza y todo el pueblo había acudido a misa. Cuentan que cuando llegó a la puerta de la iglesia, el cura despotricaba sobre los tiempos de desgracia que asolaban el pueblo, puesto que en ese momento había sequía y se perdieron varias cosechas. En el momento en el que mi madre entró a la iglesia, Don Eusebio, el párroco, decía:

- ¡Lo que necesitamos es un milagro! ¡Un milagro, por favor!

Mi madre gritó y calló al suelo todo lo larga y ancha que era. Los vecinos y el mismo Don Eusebio, se acercaron a socorrerla. El parto, que duró poco menos de una hora, se arregló en la puerta de la propia iglesia y justo cuando rompí a llorar, comenzó una lluvia que no cesó en 7 días y que arregló parte de la cosecha que estaba perdiéndose.

Por esa razón me llamaron Milagros, porque traje la lluvia cuando más falta hacía. Y desde entonces, ningún año ha dejado de llover en Miércoles de ceniza."

Angustias, conocía la leyenda de Milagros, pero nunca la creyó del todo. Aún así quedó encantada con su historia, le dió las gracias por visitarla y se durmió plácidamente soñando con la lluvia y las cosechas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

incertidumbre

La incertidumbre siempre fue uno de los peores males. Cuando tienes una meta clara, cuando conoces el camino a seguir, cuando te hablan y sabes a qué se refieren, no importa que sea malo o bueno, no cabe duda de que tu destino está marcado. Si por el contrario estás perdido y el mañana sólo es un gran interrogante, vivir con un nudo en el estómago se convierte en un hábito desagradable al que cuesta acostumbrarse.
Sobre todo, si durante toda tu vida has tenido bien claro lo que ibas a hacer y de repente, se esfuma la claridad dejando un rastro de confusión que te paraliza y te vuelve algo inútil. Así que empiezas a dudar hasta de ti mismo, de tu valía y de tus necesidades. ¿Por qué seguir luchando por algo que no está claro? ¿Cómo tomar decisiones si no hay una base a la que aferrarse? Quizá el descanso sea oportuno. Un alto en el camino no es algo negativo... sólo es tomar un respiro.
Pero el mundo sigue girando, el tiempo corre en tu contra y sigues atontado, esperando algo que te indique hacia dónde debes seguir. Sin sueños ni deseos, ¿qué se puede hacer?
La cabeza vacía, la cama vacía.
Y sólo echarte de menos.