lunes, 10 de enero de 2011

Trampas.

Hacer trampas es legítimo. Si no te pillan, claro. Si haces trampas y te pillan nunca te volverán a mirar igual. Todos pensarán que no eres de fiar, que no se puede hacer nada contigo y dejarán de llamarte para jugar al póker, al “pistionary” o a las canicas.

A lo largo de estos años, he conocido a gente que piensa que retocar una foto es como hacer trampas. Supongamos que ser un buen fotógrafo sólo consiste en acertar con el encuadre, en encontrar ese instante decisivo, y que cualquier cosa que se aleje de eso no es profesional. Yo discrepo.

Para mí, el retoque es un arte en sí. Conocer los niveles, las luces… manipular los originales y llevar a un nivel superior una imagen. Llevarla al lugar donde la fotografía se funde con la pintura y se entremezclan para darnos un resultado extraordinariamente bello.

Vale, a veces me excedo con los calificativos, pero hoy quiero dar a conocer a un fotógrafo asentado en Baltimore que ama, que odia, que camina… y que retoca sus fotos, sin llegar al exceso. Quedándose en el punto medio en el que lo irreal llama a la puerta de esta realidad nuestra, a veces tan gris y a veces tan llena decolor. Así lo hace Patrick Joust.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El encanto de lo cotidiano

Conseguir “un ojo fotográfico” precisa tiempo, dedicación y mucha, mucha práctica. Salir a tirar fotos al menos una vez a la semana es un propósito útil y relajante, aunque a mi la pereza me lleva ventaja. Sin embargo, escribo para hablar de Suecia y los talentos que exporta.

Perdida entre magazines y blogs, de repente llaman mi atención las imágenes de un fotógrafo que, sin un gran despliegue de efectos, retoques ni demás artificios, consigue mostrarnos los objetos y ambientes cotidianos de una forma atrayente y conciliadora. Ludvig Holtenäs fotografía unas zapatillas, un taburete o una cámara… y se apoya en la luz de Suecia. ¿Puedo hablar de la luz de Suecia sin haber estado allí? Quizá es sólo una impresión, pero la limpieza y los suaves claroscuros me parecen una seña de identidad envidiable que podéis descubrir en el blogde este fotógrafo y diseñador nórdico.

No obstante, la fotografía sueca es sólo una parte del rico material que nos llega del norte de Europa. Hace unos meses se celebró en Madrid un festival llamado “Días Nórdicos” que trajo a grandes grupos del panorama indie actual como José González o Jonhatan Johannson.

No podría cerrar esta entrada sin hablar del gran descubrimiento de este último año: The Tallest Man on Earth. Ese hombre pequeñito, con una voz muy grande. Aunque es difícil hablar de él sin comentar que ha sido comparado con Dylan, hoy prefiero destacar su origen y hacer referencia a sus letras que nos hablan de cerca, que nos muestran la nieve y el frío, y nos calientan con nostalgias cotidianas. El encanto de lo cotidiano una vez más… Los que tuvimos la suerte de verlo el día 1 de diciembre pudimos disfrutar de un trocito de Suecia; y en días lluviosos como los de esta semana, no hay mejor manera de pasar las horas que escuchando su música, sin necesidad de estar rodeados pormuebles de Ikea.

martes, 14 de diciembre de 2010

El día en que todos seremos fotógrafos

Hace mucho, mucho tiempo, las cámaras fotográficas era un privilegio que muy pocos podían permitirse. La gente acudía a fotógrafos callejeros para tener un retrato de familia y así perpetuar de alguna manera ese momento único que, de otra forma, sólo permanecería en sus memorias. Los pintores y artistas gráficos despreciaban a los fotógrafos por servirse de “artilugios poco lícitos para intentar imitar obras de arte y los que menos acceso tenían a la cultura, pensaban que era un instrumento del diablo que podía robarles el alma.

Los tiempos cambian, por suerte o por desgracia, y pensando en que a mi madre le da vergüenza posar para una foto, en ocasiones me llama la atención la naturalidad con que los chavales de 16 años (por decir una edad) se recrean ante cualquier objetivo y lo suben a la red.

Este devenir tecnológico nos lleva de un extremo a otro, pasando en apenas un siglo, de algo muy reducido a un fenómeno de masas. De una forma excluyente de hacer arte a un sobre-exceso de imágenes que cada vez rozan más la perfección. ¿Quién no tiene Photoshop? ¿Quién no descarga en su iPhone programas maravillosos que transforman cualquier captura mediocre en bonitas imágenes? No lo dudo, llegará el día en que cualquiera pueda poner en su currículum el título de “fotógrafo” sin necesidad de haber cursado ningún tipo de estudio al respecto. Restando valor a algo casi mágico.

Pero mientras llega ese día y algunos se siguen resistiendo a autoproclamarse “artistas digitales”, podéis disfrutar de bonitas imágenes y lucirlas en vuestros aparatos casi como verdaderas obras de arte. Al menos, eso es lo que me da la impresión que pretende Tseventy. Y yo me lo creo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Juglares del s.XXI


Aunque parezca un disparate, me atrevo a comparar a un fotógrafo con un juglar.
La cosa es simple: alguien coge una cámara y empieza a disparar; de esos disparos en los que se denota poco espacio para el azar, surgen imágenes especiales, diferentes, unas imágenes que enaltecen lo que captan y que transmiten más de lo que aparentan.

En este caso, hablo de las fotografías de un señor que consigue crear ambientes enloquecedores, sombríos y surrealistas, pero a la vez, inmensamente crudos y reales. Que coloca a la persona como una pequeña parte del paisaje, y aún así, consigue que esa persona siga siendo protagonista, que nos cuente una historia inquietante con su pose, su mirada o la ausencia de ella. Y engrandece el paisaje que le rodea consiguiendo resaltar la belleza del cielo, la tierra y lo que en ella habita.

Por esta capacidad de narrar historias, de entretenernos con colores y sombras a los que fácilmente podríamos poner una banda sonora, os presento a Jeremy Blincoe como un juglar del s.XXI.


miércoles, 7 de julio de 2010

Fotografía de familia


Sinceramente, admiro la constancia y perseveración de aquellos fotógrafos que escogen un tema central para su obra y mantienen durante años una vivencia tan intensa de su trabajo, que llega a ser parte de su vida. En el caso de Doug Dubois, se invierte la situación. Es decir, que Dubois hace de su vida su trabajo, puesto que dedica casi 20 años a retratar situaciones cotidianas en su casa y su familia, obteniendo como resultado una obra cambiante que nos cuenta la historia de 4 personas a las que vemos crecer y envejecer, sufrir y en resumen, vivir. Los encuadres y el color nos ayudan a entender las situaciones. La calidad de la imagen nos transporta en el tiempo. Los ojos de Dubois transmiten y enternecen.
Pero además, si indagamos en el resto de su trabajo, podremos observar la variedad de temáticas y la capacidad de captar detalles en el mundo común, convirtiéndolo en algo irreal gracias a la serialidad y, paradójicamente, por su extrema fidelidad a la realidad.
Inteligencia, perspicacia y corazón en Doug Dubois.

martes, 1 de junio de 2010

Silja Magg

Tengo que reconocer que tengo debilidad por la fotografía de moda y en concreto, por los retratos. Sobre todo me gustan los fotógrafos que recrean atmósferas irreales, cercanas al cuento o la fantasía. Para mi, conseguir reinventarse en cada proyecto o sesión es algo admirable. También es importante la sensibilidad para transmitir, para contarnos historias con solo una imagen.
Desde mi punto de vista, Silja Magg lo consigue... Y si alguien no se lo cree, que lo compruebe aquí.

martes, 4 de mayo de 2010

Matrimonio Moderno



Y así están las cosas. Aunque da igual, porque ya nadie se casa por la iglesia y la verdad, no sé muy bien qué dice el contrato en el juzgado. Lo que está claro es que hay algo más poderoso que el amor y la muerte: Internet. Así que no se molesten en hacer promesas que no podrán cumplir. Abran bien los ojos. Quiéranse y disfrútenlo mientras puedan, o mejor dicho, mientras Facebook lo permita.